El otro lado del boom sojero que transformó la solidaridad en Charata

Solidagro y Solidagro Charata (Chaco), celebraron en  2018, sus primeros 15 años de vida institucional. Particularmente, en Chaco, la oenegé que nació en el 2003, junto al boom de la soja, justamente en esta etapa tan importante para el desarrollo del campo argentino, y en particular el de la región, decidió involucrarse socialmente, y sumó voluntades para llevar a cabo una obra que los trascendió y tocó muchas vidas.

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La ingeniera Silvia Sánchez, es una de las personas que gestionó y facilitó la llegada de Solidagro a Charata. Es también una de los tantos voluntarios que tiene la institución, y que son reconocidos, además por aporte a la comunidad en muchos sentidos. “Creo que esta fiesta, organizada por los vecinos junto a los voluntarios, este SUM (Salón de Usos Múltiples) que vemos hoy, es el mejor festejo y el mejor resumen de lo que se ha realizado estos 15 años”, manifestó Sánchez. Sin embargo, el impacto y la trascendencia de este emprendimiento transformó la vida de muchas personas: voluntarios y vecinos del Barrio Cambalache, y también de gran parte de la comunidad de Charata

“Empezamos en el barrio, porque era un barrio joven, y si bien nos fueron llevando las circunstancias a cambiar lo que íbamos haciendo, siempre hemos trabajado de forma planificada”, aseguró la ingeniera

Respecto a lo que deja el voluntariado, Sánchez dijo “creo que el trabajo contagia y enamora. Y venir a este salón te contagia, no te dan ganas de irte”. También agregó que para este 2019, tomaron la decisión de no cerrar el SUM enero y febrero, para darle continuidad a varios talleres para los jóvenes.

“La verdad es un trabajo especial y enriquecedor, y si bien comenzamos haciendo una cosa, con el correr del años fuimos cambiando”, reconoció Mónica Arrudi, presidente de la comisión de Solidagro. “Esto es como una escuela, donde niños, jóvenes y adultos vienen a nutrirse, a aprender, y eso es esperanzador. Cuando la gente tiene herramientas, las dificultades se superan más fácil”, agregó

Voluntad recompensada

Solidagro brinda talleres de costura, apoyo escolar, computación, canto, manualidades, ocasionalmente algunos talleres de oficio, como por ejemplo electricidad. Todo en el SUM del Barrio Cambalache, donde convergen voluntades, oportunidades, esperanza y mucho amor.

Inés Albertí, la seño Inés, fue la encargada de iniciar las tareas con el Jardín de Infantes, a través del proyecto Jugar con los más chiquitos, además de ser coordinadoras de los talleres, y una de las primeras que se sumó. “Como no estaba el SUM todavía, comenzamos dando clases en dos patios, de familias del barrio. Yo acarreaba en moto el equipo de música. Después fuimos poniendo media sombra, y luego llegó el SUM. La verdad me emociona y es increíble ver la obra que hizo en el barrio, porque cambió a los jóvenes, al barrio en general”, rememoró

Con respecto al impacto que le dejó trabajar con Solidagro, Inés señaló “a mí me dejó las ganas de no irme más. Los chicos del jardín acercaron la familia, así que tengo relación con toda la familia. Este es mi último año con el jardín, les dejo el lugar a las más jóvenes, pero seguiré como coordinadora de talleres, hasta que las fuerzas me acompañen”

Sabrina Cuberas es una de las últimas voluntarias que se sumó como tallerista de Solidagro, y contó a NORTE como vive esta experiencia. “Tenía ganas de hacer algo que no tuviera que ver con mi trabajo, algo para ayudar a la comunidad. No sabía qué hacer, y le dije a Silvia que me sume para algo, y salió esto que es mi hobby que amo,  la música, y dije voy a enseñarles a cantar”, cóntó la “seño” como la llaman los chicos, y que mantiene la misma energía que sus alumnos muestran. “Se engancharon muchísimos. Empezaron muy poquitos y a mitad de año llegamos a 15, son los que terminaron hoy. Los chicos lo tomaron de una manera muy divertida, como lo hago yo”, agregó. Respecto a lo que ser voluntaria en Solidagro deja, Sabrina dijo “me dejan un montón de amor, donde me ven me reconocen y vienen, me abrazan, eso es mucho”.

Nota publicada en La Revista de Agronea N° 13 (enero-febrero)

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